25 de septiembre de 2013

¿Libertad o seguridad?




La respuesta a este artículo pareciera ser obvia, para un sector de la sociedad, en donde la libertad es un valor supremo que no se puede subsumir a la seguridad. La libertad de expresión, la libertad de tránsito, la libertad de asociación entre muchas otras -que son libertades que se ejercen a través del reconocimiento expreso de derechos-, muchos dirían que no se pueden subordinar a la idea de proteger a un Estado o a una población, de una amenaza externa o interna.

Pero, ¿qué pasa cuando un grupo armado con organización y financiamiento, puede poner en riesgo el ejercicio de ciertas libertades, tales como el libre tránsito, la libertad de expresión y la libertad de asociación? 

El ataque a las torres del World Trade Center en Nueva York, el 11 de septiembre de 2011, llevo a la discusión e incluso la aplicación de que  el ejercicio de ciertos derechos tenía que ser restringido con el afán de proteger un derecho aún mayor que derechos como la intimidad o el libre tránsito, el derecho a la vida. Proteger la vida de las personas o de una población se volvió el argumento principal para limitar el ejercicio de ciertos derechos, tales como la intimidad o la privacidad, ya que se decidieron aplicar medidas como intervenir llamadas telefónicas, correos electrónicos y otro tipo de conversaciones de tipo personal, en donde se sospechará que podía estarse planeando alguna acción que pusiera en riesgo la integridad de las personas.

El narcotráfico con su capacidad militar, económica y transnacional, puso en riesgo la estabilidad política de varios estados, así como la integridad de su población. En América Latina (AL), hay diversos casos tales como el de Colombia, Centroamérica  y recientemente en el caso de México. Durante el sexenio del presidente Felipe Calderón, se decidió establecer una estrategia militar para hacer frente al crimen organizado, este tipo de estrategia conllevó una serie de restricciones a derechos constitucionales, principalmente el libre tránsito y el derecho a la privacidad. En estados en el norte del país, así como en regiones del centro, los diversos carteles del narcotráfico, extorsionaban, atacaban e incluso eliminaban a parte de su población. Esta situación la vivieron y viven como quienes residen en esos territorios, como quienes transitan por ellos.



Tanto los ataques terroristas del 11 de septiembre en Nueva York y en diversas partes del mundo por parte de Al-Qaeda, así como la actuación de grupos criminales que ponen en riesgo la estabilidad e integridad de la población de un país, lleva a que los estados implementen medidas que tienden a limitar el ejercicio de derechos y con ello de libertades, con el afán de evitar mayores riesgos a la población y a sus gobiernos.

No obstante, los cables de Estados Unidos (EEUU) filtrados por Wikileaks, revelaron una forma de actuar por parte de EEUU, pero también de otros estados, en donde el aparato de inteligencia, así como la diplomacia, era usada no solo con fines de proteger la integridad de su población y la estabilidad de sus gobiernos, sino también para espiar a estados pares, con fines comerciales o políticos. Asimismo, en el caso de Edward J. Snowden, ex integrante de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés), reveló documentos clasificados en donde EEUU utilizaba a diversas empresas que proporcionan servicios informáticos, para espiar a sus ciudadanos y a gran parte del mundo.

Esto último provocó un gran debate, sobre hasta dónde los estados podían hacer uso de los instrumentos de inteligencia y espionaje, así como quién vigila al “vigilante”. En particular, cuando se reveló que el tipo de espionaje fue para fines comerciales o de tipo políticos, los casos que se conocieron en AL fueron Brasil y México.



Ahora bien, este tipo de actuación por parte de EEUU y diversos estados, no es nueva, más bien podríamos decir que es una tradición. Tanto estados totalitarios como democráticos han hecho uso del espionaje con motivos políticos, militares o comerciales, claro con enormes diferencias entre ambos. El caso del watergate, así como el macarthismo en EEUU, la polícia secreta de Rusia, la KGB, así como casos de dictaduras y gobiernos autoritarios en AL, son muestra de cómo se han utilizado los aparatos de inteligencia con fines políticos y represeivos (claro con diversos matices y diferencias entre los estados democráticos y los totalitarios).

Es cierto que los estados deben contar con herramientas y aparatos de inteligencia que les permitan hacer frente a riesgos que pueden poner en riesgo la estabilidad de un gobierno o la integridad de su población. No obstante, todo estado democrático debe contar con un marco legal que limite el ejercicio de las funciones gubernamentales, de tal modo que no haga uso del espionaje o de la inteligencia con el afán de establecer formas de control absoluto sobre su población.

Quienes se especializan en el tema del derecho de acceso a la información pública, consideran que hay información que no puede ser pública, porque ello puede perjudicar una investigación judicial o incluso poner en riesgo la estabilidad económica o política de un país. Esto es cierto, todo derecho tiene límites, pero para establecer que es público y que es clasificado, deben establecerse criterios y límites claros, y que no termine por dotarse de poderes absolutos a un gobierno democrático. Asimismo, tiene que justificarse el por qué determinada información no puede ser pública.

El riesgo en no establecer criterios y el no fundamentar el porqué de hacer de cierta información de acceso restringido o reservado, puede llevar a que los estados de forma arbitraria digan que es público y que es reservado, de tal modo que se vuelven opacos, no rinden cuentas y el acceso a la información pierde todo sentido democrático.

Pero ¿quién vigila al “vigilante”? Aunque diversos estados democráticos tienen mecanismos para limitar que el uso de la inteligencia y el espionaje, y que no se haga más que sólo para los  fines previstos por la ley, esto no se respeta del todo. Entonces, pareciera que siempre existirá el riesgo de vivir bajo el peso de un estado que puede convertirse en el Big Brother, que traspasa los muros de la privacidad y nos mira sin que nadie lo pueda mirar a él.



Este riesgo siempre estará latente, no obstante, para ello deben existir suficientes herramientas que puedan evitar llevarnos a ese escenario catastrófico. Los institutos de acceso a la información pública, el Congreso, así como el poder judicial deben ser instrumentos que limiten el ejercicio del poder gubernamental. Los institutos que protegen y garantizan el acceso a la información pública, son piezas clave, para ser un intermediario entre el ciudadano y el gobierno, y observar en donde éste último ha puesto la frontera entre lo reservado y lo público. Asimismo, el Congreso, es el espacio más plural, hablando políticamente, en donde la diversidad de partidos representados, posibilita establecer límites al ejercicio del poder del partido gobernante, ningún partido querrá verse controlado por el gobierno en turno, de tal modo que tratarán de pugnar porque no se haga uso político de los aparatos de inteligencia. El poder judicial, debe ser uno de los medios más eficaces para sancionar al estado en caso de que este vulnere derechos a través de su sistema de inteligencia, tanto particulares como entes públicos, pueden realizar acciones judiciales, para reparación de daños o evitar vulneración de otros derechos.

Y ¿qué hay de la sociedad civil?, ¿qué rol debe jugar? En este caso para sectores importantes de la sociedad no es tan claro, incluso algunos están dispuestos a renunciar a ciertas libertades con el fin o la idea que su integridad se vea salvaguardada ante todo.

Las revisiones y retenes por parte de cuerpos de seguridad pública o del ejército, los toques de queda, como restricción a la libertad de tránsito; así como la restricción a la libertad de asociación, ya sean en lugares públicos o privados como bares, discotecas u otros lugares; asimismo, la invasión a la intimidad, a través de la intervención de llamadas telefónicas, así como cualquier tipo de conversación o actividad privada, en el contexto de la guerra contra el terrorismo o contra el narcotráfico, se han vuelto comunes y aceptables por un sector importante de la sociedad. La frase “yo estoy dispuesto a renunciar a ciertos derechos con tal de que no me maten”, se ha vuelto moneda de uso corriente entre una parte de la población.

Pero es un falso dilema el decir “¿la vida o la libertad?”, un estado democrático está obligado a preservar la integridad y vida de su población, sin menoscabar o limitar el ejercicio de sus derechos. Es cierto, que puede haber situaciones excepcionales, no obstante, deben ser excepcionales y temporales, no pueden convertirse en una forma rutinaria de actuar por parte de los gobiernos.

Como sociedad, debemos tener claro que los riesgos de renunciar a ciertos derechos con el afán de mayor seguridad, al final pone en riesgo aún más nuestra integridad y nuestras libertades, dado que en un estado totalitario, termina por decidir sobre la vida e integridad de las personas. 

Toda libertad puede conllevar ciertos riesgos, es posible que el hecho de que no se establezcan retenes en cada avenida o carretera del país, haga que algún sicario, delincuente o terrorista transite libremente y que pueda ser un riesgo para la población, no obstante, uno debe asumir ese riesgo como parte de vivir en una sociedad democrática y con libertades. 

Son mayores los daños que hay cuando a toda persona se le detiene, no sólo porque nuestra vida cotidiana se vería alterada drásticamente, sino porque además todos nos convertimos en sospechosos, todos somos potenciales delincuentes, de tal modo que somos un riesgo para nosotros y para la propia población, y con ello el estado justifica que debe asumir un control absoluto dado que todas las personas son riesgos potenciales. Ésta no puede ser la mirada de un estado democrático, es más bien la de un estado totalitario, un estado que nos hace renunciar a nuestros derechos, porque todos somos un riesgo para nosotros y los demás.

Las detenciones arbitrarias, las torturas, las desapariciones forzadas y el exterminio de un sector de la población han sido los resultados de estados y sociedades que han decidido renunciar a sus libertades más básicas con la idea de obtener una seguridad absoluta.

No existen seguridades absolutas, aceptar vivir en una sociedad democrática, con libertades, también implica asumir que ello puede conllevar ciertos riesgos, pero es menor el riesgo de vivir con libertad que el vivir sin ella.





2 de mayo de 2013

Venezuela sus dos herencias, entre la democracia y el caudillismo



El libro de Enrique Krauze, “El poder y el delirio”, es una biografía política de Hugo Chávez, pero también es una radiografía política de Venezuela, es un libro imprescindible para comprender el proceso político y sus actores que se encuentran en la disyuntiva de democracia o autoritarismo. Ahora bien, con la muerte de Chávez se abre una nueva vertiente, que por momentos se veía estrecha y casi cerrada, la vuelta a la consolidación de la tradición democrática de este país. En este artículo se intentará dilucidar el porvenir de Venezuela, retomaremos algunos puntos clave que Krauze analiza en su libro, pero también revisaremos hasta donde las recientes elecciones en Venezuela puedan dar cauce a darle fuerza a una democracia que se fue debilitando durante el régimen chavista.

Hugo Chávez, poseyó un aspecto que se vuelve central en cualquier político, pero que en particular se ha vuelto insoslayable en Latinoamérica, el carisma. Dotes de personalidad histriónica, simpático, bonachón y en muchas ocasiones amistoso. Surgido de las huestes militares, pero cercano a movimientos de izquierda, como las guerrillas y los movimientos sociales en Venezuela. Con una formación marxista precaria y amante de la historia nacionalista, ha construido de las figuras históricas y de su figura una epopeya heroica contra el imperialismo yanqui y la oligarquía venezolana. Su influencia ha trastocado las diversas esferas del poder, el judicial, el legislativo e incluso el electoral, aunque en menor medida. Su figura estuvo presente día, tarde y noche en la televisión como un showman, como señala Krauze, como un televangelista. La influencia que ejerció en Sudamérica es incomparable, el petróleo ha sido una divisa que ha hecho valer en Ecuador, Bolivia, Cuba, Argentina, Nicaragua, y lo intentó también en Panamá, Perú y otros países de la región. Sus confrontaciones diplomáticas y verbales a nivel internacional, lo han posicionado en la esfera de lo global, aunque no queda muy bien parado. No obstante, todo lo anterior hizo de Hugo Chávez, un personaje sin parangón en la historia moderna de América Latina, el peso en lo interno y lo externo, sin duda que le ha valido un lugar en la historia, quizás no de la mejor manera, pero ahí ha quedado su persona y su legado.



Ahora bien, la concentración de poder, su intolerancia y su lenguaje militar (“los enemigos”, “los aliados”) han hecho que haya cimbrado las bases de una tradición democrática, que durante gran parte del siglo XX perduró por encima de otros países de la región, que tuvieron que enfrentar cruentas dictaduras. Concentró el poder económico, redujo el pluralismo mediático, copto y copó gran parte del poder político en Venezuela, estuvo a punto de hacer que se aprobará una reforma constitucional que lo permitiera reelegirse ad infinitum, es decir, hasta que la muerte fuera el único voto que le ganará. Afortunadamente, una gran parte de la sociedad venezolana avizoró el peligro de que eso sucediera, y se logró un rechazo de dicha reforma aunque no con una amplia mayoría.

Las elecciones del 2012, en Venezuela comenzaron a reducir el poder que Chávez creía absoluto, casi la mitad de quienes votaron, votaron en contra de él y a favor de Capriles, un político opositor moderado que trajo nuevos bríos de lenguaje cívico y democrático y no el militarista del que tanto abusó Hugo Chávez. Chavéz pudo haber continuado en el poder hasta el 2017, y quizás después hasta el 2021, esto ya no lo sabremos, pero lo que si sabemos, es que su intención no era abandonar el poder, por el contrario deseaba ser un patriarca a la semejanza de Fidel Castro, pero su salud, fue su peor aliada, fue su verdadera enemiga, y frente a la muerte, Chávez no encontró retórica, diatriba o arma con la cual hacerle frente.

Paradójico y a la vez deslumbrante, su cuerpo, su salud, fue la limitación de su propio poder, su creencia de imbatibilidad fue refutada por él mismo. Pero más allá de la pérdida del que era el actual presidente de Venezuela, lo que se encontraba en juego era mucho mayor, la vida de una democracia vapuleada y con pulso débil. Nicolás Maduro, quedó electo como actual presidente, después de unas rebatidas elecciones por parte de la oposición. Al ver a Maduro, uno observa una emulación endeble y risible de lo que fue Hugo Chávez, la retórica, la chabacanería, los chistes mal contados, las anécdotas poco creíbles, hacen de Nicolás Maduro, un político con pocas capacidades para mover los hilos de la política nacional, de las que Chávez se había un vuelto un hábil titiritero.

El poder que Chávez ejercía sobre los militares, no será el mismo que ejerza Maduro, también carece de influencia sobre otros sectores y personajes allegados al fenecido “moderno” caudillo. La oposición se vuelve cada vez más fuerte, aunque si bien se enfrenta a la explotación sentimental de la figura de Chávez por parte del oficialismo, ese recurso cada vez se irá agotando, porque la corrupción, la violencia, la delincuencia y la posible fragilidad económica de Venezuela, no harán que el mito del caudillo revolucionario lo soporte. En el libro de Krauze, se recogen voces de una creciente disidencia tanto al interior del oficialismo, que se han vuelto en rupturas, como de sectores que en su momento apoyaron a Chávez, pero que después se fueron replegando y confrontando, debido a sus intentos de perpetuarse en el poder, tal como el caso de los estudiantes. La oposición necesita ser inteligente, apelar a la tradición democrática de su país, retomar figuras que no dejaron de lado lo social, pero que tampoco antepusieron lo social a la democracia; hay ejemplos notables, como el caso de Betancourt, que Krauze detalla y realza con gran entusiasmo.

El oficialismo para poder consolidarse tendría que reconocer los errores de Chávez, enmendarlos, pero ¿cómo enmendar una figura que para ellos se ha vuelto mítica, cuasireligiosa? Difícilmente el gobierno hará de Chávez un reconocimiento de los errores como a la Jrushchov. Enmendar, sería volver a un republicanismo democrático, devolver el poder al mercado (darle al mercado lo que es del mercado y al estado lo que es del estado), renunciar a la retórica militarista y generar una gran reconciliación nacional. Sin embargo, tal opción se ve improbable, el discurso de Maduro, sigue siendo el mismo que su antecesor, sólo que más burdo.

Tal parece que Chávez se había vuelto un obstáculo en las arterías de la democracia venezolana, ahora que el cáncer lo quitó del camino, quizás es momento de volver a mirar con aquilatamiento el legado de Chávez, en lo social y en lo político, pero sobre todo mirar a la democracia como el gran baluarte que siempre ha tenido Venezuela y que no ha dependido de una persona para sobrevivir, sino de una sociedad que la ha sabido de valorar y de importantes figuras en lo político, social e intelectual que la han sabido defender. Sólo el tiempo nos dirá qué tanto siguen valorando esa invaluable herencia democrática que Venezuela tiene.

25 de noviembre de 2012

El entramado complejo de las campañas electorales: El caso Estados Unidos, II


En lo que respecta a la publicidad durante las campañas electorales, el número de anuncios transmitidos fue más de un millón de spots en televisión y se gastaron más de mil millones de dólares en estos. Estas cifras superaron en un 40% a la publicidad difundida en las elecciones presidenciales de 2008, de acuerdo a un estudio del Centro de Política Responsable de los EEUU, donde entonces Obama ganó con amplia ventaja. De tal modo, que el peso que tiene la publicidad en televisión sigue siendo un factor fundamental a la hora de una elección. Si bien la web y las redes sociales han empezado a figurar como un espacio para el bombardeo de publicidad, las campañas políticas tienen un nicho propio, la televisión. Ambos candidatos sabían que si dejaban de figurar en televisión y optaban por otros medios para promocionarse, era un suicidio político. La televisión y la radio seguirán figurando durante unas décadas más como el principal espacio en donde se invertirá en campañas políticas. 

Es así que para que pudieran llevar a cabo sus campañas de esta manera, tenían que contar con recursos suficientes para financiar su publicidad, lo que nos lleva a analizar un tercer factor que describe parte del financiamiento del sistema electoral EEUU, y la forma en que las corporaciones hacen sus apuestas. 

Según las estimaciones del Centro de Políticas Responsables, señalo que hasta el 31 de Octubre, las elecciones habían tenido un costo alrededor de los 6 billones de dólares. Si bien en el sistema electoral de los EEUU existe el financiamiento público para las campañas políticas, por cada peso que se recaude, los candidatos optaron por sólo recurrir al financiamiento privado. De acuerdo con el Centro, la procedencia de los fondos para las campañas en el caso de Obama y Romney se diferenciaron en gran medida, dado que el primero reunió una gran parte de sus fondos a través de hogares y pequeñas donaciones de menos de $200 dólares reuniendo $214.3 millones de dólares para su campaña, en tanto Romney solamente obtuvo $70.8 millones para su campaña en aportaciones menores de $200. De tal modo, que el 30% de las donaciones a Obama fueron hechas por pequeños contribuyentes, 3 veces superior a lo recaudado por Romney. En cambio, el gran apoyo financiero provino de los grandes contribuyentes, según el Centro, dando 40 donantes más de $200 millones para la campaña del republicano a la presidencia, obteniendo Romney 4.5 veces más dinero de donadores individuales mayores que de donadores pequeños. Por otra parte, Obama también obtuvo una gran ayuda por parte de contribuyentes poderosos que reunieron al menos $180 millones para apoyar al mandatario en su reelección. 



Lo anterior nos describe dos aspectos importantes. El primero es el diseño de una estrategia de financiamiento para una campaña política, Obama logró generar una exitosa recaudación de fondos a través de pequeñas contribuciones que iban desde los $20 dólares hasta los $200, ampliando con esto la base recaudatoria de financiamiento político. Sin duda que el carisma y la simpatía que ha tenido el mandatario son factores que han generado diferentes muestras de apoyo, incluido el económico, sin embargo, una campaña que permite a las personas que simpatizan con algún candidato, que no poseen grandes ingresos, hacer aportaciones a la campaña, eleva y amplia el nivel de apoyo y compromiso hacia el candidato. El uso efectivo de las redes sociales, el correo y diversos medios para solicitar el apoyo económico, para promover una aportación de $20 dólares para ayudar en la campaña política del candidato demócrata, incrementó enormemente el financiamiento, de tal modo que Barack Obama recaudó poco más de $632 millones de dólares, mientras que la del republicano Mitt Romney había obtenido algo más de $389 millones. 



El segundo aspecto importante a describir es, la forma en que las grandes corporaciones o empresarios financian las campañas políticas, como se puede observar ambos candidatos obtuvieron la misma cantidad por parte de los grandes contribuyentes, ligeramente arriba Romney. Aunque podía observarse que ciertos magnates apostaban por la llegada del candidato republicano, no hubo una generalización de esto, más bien la forma en la que operan las corporaciones, es hacer aportaciones similares a candidatos que estén en posibilidades de ganar la presidencia, ya que independientemente de quien llegue a la presidencia, se tendrá que recompensar la ayuda económica, de esta manera las corporaciones evitan confrontaciones políticas y se dedican a hacer negocios sin distingo partidario. Cabe aclarar que las leyes electorales de EEUU impiden a las compañías hacer donaciones directas a algún candidato, pero esto es sólo una mera formalidad legal, que en los hechos no se cumple, ya que al hacer una aportación a nombre de una persona que representa a determinada corporación, se sabe de antemano que se hace por parte de ésta. Sin embargo, si establecen un tope máximo de aportación de $2,500 dólares por persona. 

Otro elemento importante es la forma en cómo se hizo que se llegaran a más de un millón de anuncios en televisión, y es aquí donde jugaron un papel crucial los llamados “SuperPAC”, Comités de Acción Política (PAC por sus siglas en inglés), comités políticos que puedan estar constituidos y administrados por corporaciones, sindicatos, organizaciones de me membresía o asociaciones de profesiones. Estos se registran en la Comisión Federal de Elecciones con el propósito específico de recaudar fondos para contratar publicidad a favor de algún candidato o en contra. Como señalamos anteriormente, las leyes electorales impiden a las compañías hacer aportaciones directas a los candidatos, sin embargo, si lo pueden hacer a través de los PAC, sin tope de aportación. Tan sólo estos llamados "superPAC", lograron recaudar alrededor de 490 millones de dólares entre ambos candidatos, dedicados a la compra de espacios en medios electrónicos, principalmente radio y televisión, con el fin de apoyar o denostar a algún candidato. Aunque ha sido cuestionado el proceder los PAC, por una parte debido al peso que tienen las grandes compañías en el financiamiento de las campañas políticas, y por otro lado porque han sido utilizadas en su mayoría para financiar campañas negativas en contra de algún candidato, siguen vigentes y en 2010, el Tribunal Supremo de los EEUU, en un falló controvertido señaló que las grandes corporaciones tienen derechos como cualquier otra persona, y que por lo tanto no se les puede limitar su derecho a aportar recursos a favor de un candidato a través de la compra de publicidad, ya que con ello se estaría limitando su derecho a expresarse. En este caso Obama tuvo ocho "superPAC" y cinco en contra, mientras que Romney tuvo once en su favor y siete que se movilizaron contra él. El peso que toman los PAC es cada vez más relevante, no sólo por la cantidad de dinero que se puede recaudar para contratar publicidad, sino además porque incrementa la capacidad organizativa de determinados grupos que están en contra o a favor de determinado grupo, dándoles una capacidad de incidencia realmente importante, y en donde el día de las elecciones ya no depende tan sólo de la voluntad popular, sino en gran medida de las capacidades que los partidos y candidatos lograron aglutinar, organizar y recaudar financiamiento para las elecciones. Pero también define el rumbo de la publicidad política, la cual se vuelve cada vez más agresiva, negativa e incluso en ocasiones puede llegar a ser difamatoria. Sin embargo, no se ve que en el caso de los EEUU, pretenda regularse el contenido de las campañas negativas, ambos tanto el partido republicano como el demócrata hacen uso de este tipo de publicidad. 



Por último, es importante analizar el peso que tienen los diversos grupos migrantes y de ultraderecha, que han tenido un nivel de organización y de presencia importante en las más recientes campañas electorales. 

En el caso de los grupos migrantes, los hispanos son los que tiene mayor relevancia tanto demográfica como política en los EEUU. El tema de la reforma migratoria, las deportaciones masivas (iniciadas durante el gobierno de George W. Bush, y que han continuado en menor escala con Obama), así como el hecho de que varias entidades de Estados Unidos hayan promulgado leyes contra los indocumentados que en su mayoría facultan a la policía para cuestionar el estatus migratorio de cualquier persona, así como imponer sanciones a empleadores que contraten a inmigrantes, han hecho que la comunidad hispana se movilice y se organice para exigir tanto la legalización de su estatus migratoria, como el respeto de sus derechos humanos por parte de las autoridades estadounidenses. Tal ha sido el peso tanto demográfico y político que han tomado estas comunidades, que parte de las campañas en determinados estados se transmiten en español, asimismo, ambos candidatos acudieron a un encuentro organizado por el canal Univisión, para hablar con periodistas y parte de la comunidad latina. No hay otro grupo racial o cultural, que tenga tal visibilidad como los hispanos, en las recientes campañas electorales de los EEUU. 



Los otros grupos son los de extrema derecha en EEUU, entre estos destaca el denominado Tea Party. No son como tal un grupo o partido organizado con base jerárquica, más bien son varios miles de grupos repartidos en todo el país, que son una mezcla incolora de ideas y objetivos, pero que tienen como denominador común, reducción del gasto público, pocos impuestos y un respeto irrestricto a los derechos reconocidos en la Constitución. Este se hizo presente en la vida pública después de la llegada de Obama, pero que se inició desde la administración Bush, a raíz de la debacle económica, y que tuvo como candidata a la vicepresidencia a Sarah Palin por parte de los republicanos. Comenzaron a tomar fuerza debido a las consecuencias de la crisis económica, ya que se oponen al alza de impuestos, al rescate de bancos y al incremento del gasto público, y que se opusieron a las medidas de protección universal de salud que implementó Obama. Este grupo tuvo en estas elecciones su candidato, Paul Ryan, como candidato a la vicepresidencia. Manejando un discurso agresivo en contra de los derechos de los migrantes, de las mujeres, en particular, el aborto, así como los derechos lésbico-gais, entre otros. Asimismo, plantean que el Estado debe de intervenir lo menos posible en la vida económica y social, dejándolo al vaivén del mercado y de “la supervivencia del más fuerte”. En el plano internacional, consideran que cualquier amenaza a la seguridad y poderío estadounidense debe ser eliminada, Irán, Palestina, Hugo Chávez, China, etc.



Aunque ha habido mejorías de la economía estadounidense y de que se han paleado en cierta medida las consecuencias sociales de la crisis, durante la administración de Obama, aún persiste el alto porcentaje de desempleados y desigualdad económica y social, lo que hace que ciertos grupos de extrema derecha, tomen importancia, tal como sucede en Europa y de manera preocupante en Grecia, en donde un partido neonazi, ha alcanzado un número importante de escaños, y han tomado funciones que sólo el Estado puede realizar, como el tema migratorio y de asistencia social. Estos grupos y el discurso que han puesto en la esfera pública, hace que hasta cierto grado, los partidos o candidatos puedan proponer medidas que puedan violentar los derechos de determinados grupos. Es así que Obama y Romney tuvieron que hacer equilibrismo en sus discursos y debates, para tratar de tocar los diferentes puntos del espectro social y político del país. 

Por último, ¿dónde estuvo el peso de la economía, de los Occupy Wall Street, de los sindicatos, entre muchos otros? En el caso del empleo y la crisis económica, siempre estuvo presente, en todo momento, sólo que durante las campañas electorales, comenzaron a moverse otros factores que fueron determinantes, como los dichos por los candidatos, las figuras que proyectaban, cuánto dinero tenían para difundir sus promocionales en contra o a favor de determinado candidato, así como los grupos con mayor peso político en la esfera, en el caso de los hispanos debido a su densidad demográfica, pero también a su capacidad organizativa y política, en el caso del Tea Party, se debe más a su discurso agresivo y el contexto económico, así como a la influencia que han tenido en el Partido Republicano para ir colocando a sus figuras. Los otros grupos como los de Occupy y los sindicatos, no fueron visibles, aunque un análisis más pormenorizado podría reflejar en qué medida jugaron un papel crucial, pero al menos en el discurso de las campañas electorales, estos grupos no figuraron. 

Me parece que fue más complejo el proceso de las campañas electorales, que los factores que aquí sólo apunto, pero desde mi perspectiva estos factores se hicieron relevantes durante las campañas, y tuvieron un peso determinante en la forma en cómo fue evolucionando este proceso. Quizás con un poco más de distancia y análisis, podamos encontrar otros elementos que nos ayuden a desentrañar, el peso específico que cada factor aquí señalado tuvo en las campañas electorales, pero a tan corta distancia, los factores aquí señalados fueron sustancialmente visibles. 

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22 de noviembre de 2012

El entramado complejo de las campañas electorales: El caso Estados Unidos, I


En este artículo pretendemos analizar cuáles son los diversos factores que juegan un papel fundamental en las campañas electorales y, que pueden ser determinantes para definir a un ganador y perdedor. Para ello analizaremos las recientes elecciones presidenciales en EEUU, en donde resultó reelecto Barack Obama para otros cuatro años en la presidencia.

Para adentrarnos en el estudio de este caso, vale la pena primero revisar cómo está diseñado el sistema electoral de los EEUU, para la elección de Presidente, ya que funciona de manera diferente a la mayoría de los sistemas electorales conocidos en América Latina, ya que quien gana no es quien tiene el mayoría del voto popular sino la mayoría de delegados y votos del Colegio Electoral.

En cada elección presidencial de los EEUU se conforma un Colegio Electoral, el cual se integra por 538 delegados que equivalen al número de legisladores del Congreso, donde 435 provienen de la Cámara de Representantes, 100 del Senado (dos por cada uno de los 50 estados) y tres por el Distrito de Columbia (Washington, D.C.). Este diseño se configuró desde la fundación de los EEUU, y ha mantenido su esencia; el objetivo es que haya un contrapeso entre la elección por parte del Congreso y del voto popular. 

La forma en que opera este Colegio Electoral es la siguiente, los delegados que forman parte de este Colegio son votados por los ciudadanos, estos 538 delegados en el mes de diciembre “eligen” al presidente de los EEUU. Los delegados son postulados por los propios partidos de tal modo que al ser elegidos se comprometen a dar su voto por el candidato triunfador. En las papeletas, cada candidato a presidente lleva adjunto el nombre de su vicepresidente y el partido político al que pertenece. Pero estos votos no eligen de momento al presidente, sino que eligen en bloque a los “compromisarios” o delegados de esta opción política que irán después al Colegio Electoral. De tal modo, que los ciudadanos de cada uno de los estados eligen a una planilla de electorales que estén comprometidos con algunos de los diferentes candidatos a la presidencia. El candidato que obtenga el mayor número de votos se lleva la totalidad de la planilla, es decir, que si en un estado hay 59 votos electorales, y un candidato obtiene 29 se lleva, los 59 votos.



Los estados claves para conseguir el número de votos que garantice la victoria en el Colegio Electoral son: California (55), Texas (38), Nueva York (29), Florida (29), Pensilvania (20), Illinois (20), Ohio (18), Míchigan (16), Georgia (16), Nueva Jersey (14), Washington (12) y Distrito de Columbia (3), con estos estados se consigue los 270 votos electorales necesarios para ganar la presidencia. De tal modo, que los candidatos se concentran en los estados que tiene mayor número de votos electorales y que no están definidos por algún partido, como si sucede con algunos estados como el de Nueva York que tiende siempre a votar por el partido demócrata. Cabe añadir, que cada estado tiene su propia legislación electoral, de tal modo que no tienen un órgano que centralice las funciones de organizar y vigilar el proceso electoral. 

Ya constituido este Colegio Electoral, se reúnen en las sedes del poder legislativo de cada estado o en otros lugares designados, a mediados de diciembre y eligen a su vez a la fórmula que tendrá a su cargo el gobierno de EEUU, sin embargo, el ejercicio de este órgano suele ser un mero formalismo, ya que se sabe de antemano que los resultados obtenidos el día de las elecciones simplemente se refrendarán. Por otro lado, esto hace que el voto popular quede en segundo plano en muchas ocasiones, ya que varios presidentes de EEUU no han obtenido la mayoría en el sufragio popular pero si el del Colegio Electoral, el caso más reciente y polémico fue la elección de George W. Bush en el año 2000. 

Factores presentes en el proceso electoral de los EEUU: la figura presidencial, el financiamiento, el gasto en publicidad y los grupos organizados 

El primer debate por la elección a la presidencia en EEUU, dejó ver claramente lo importante que es para los electores la figura presidencial, del Jefe de Estado, al ver a un Barack Obama, apático y amable frente a su contrincante duro y puntual, hizo que las encuestas cambiarán sustancialmente. Los tropiezos que había tenido Mitt Romney durante la campaña, pusieron en una ventaja cómoda a B. Obama, sin embargo, el primer debate expuso ciertas deficiencias del candidato demócrata, a tal grado que lo que se tenía asegurado se puso en riesgo. 

En medio de un contexto de crisis económica, de amenazas a la seguridad regional en Medio Oriente, con el caso de Irán y la muerte del Embajador en Libia, los electores estadounidenses buscaban una figura que tuviera un carácter fuerte, aguerrido e incluso agresivo, para hacer frente a tales riesgos. El peso del régimen presidencialista de los EEUU y su poder como potencia mundial, hace que la figura del presidente tome mayor relevancia, aunado a que la historia de los diferentes presidentes ha mostrado cómo han reaccionado los electores estadounidenses, tal como el caso de Jimmy Carter, que se le vio como un hombre falto de carácter e incapaz de hacer frente a los conflictos internacionales. 

Cabe anotar, que en la mayoría de las ocasiones, frente a una grave crisis económica o social, las sociedades tienden a buscar o elegir a alguien que señale y enjuicie al responsable de dicha situación (los adinerados, los inmigrantes, los países vistos como colonialistas, alguna comunidad o religión, entre otras), y que a su vez generé un sentimiento de seguridad, frente a las amenazas internas o externas. 

De tal modo que el papel que juega la imagen que se pretenda reflejar al electorado en términos del contexto e ideario, es fundamental para definir una elección. Es así que Romney al mostrarse más agresivo frente a su contrincante, y hacerse pasar por más asertivo frente a la impericia del otro candidato, incidió en que el electorado modificará la tendencia favorable hacia Obama. No por nada, en los debates consecuentes se vio a un Obama más agresivo y hasta un poco fanfarrón. Pero era claro, que esa era la figura que el electorado quería ver en un Jefe de Estado. Asimismo, el huracán Sandy se convirtió en una oportunidad en la campaña de Obama, ya que le permitió el escenario para reflejar la capacidad que tenía como jefe de Estado para hacer frente a una crisis, -en este caso un desastre natural. El presidente lo sabía y lo supo utilizar a su favor, sin evidenciar de manera cínica que estaba haciendo campaña con la catástrofe provocada por Sandy. De tal modo, que pudo restituir en gran medida esa figura de jefe de Estado, frente a la actitud apática y “débil” del primer debate.

30 de octubre de 2012

El puritanismo ideológico de los movimientos sociales


Lo sucedo con Antonio Attolini, en donde se le “linchó” en las redes sociales y en parte de la opinión pública, por su decisión de integrarse a una mesa de análisis en FOROtv de la empresa Televisa, nos hace revisar hasta donde los movimientos sociales terminar por ser monolíticos, dogmáticos y poco abiertos a la diferencia.
Haremos un breve análisis de los movimientos sociales más recientes, el de López Obrador, el Movimiento por la Paz con Justicia yDignidad y el #YoSoy132. Cada uno de estos, desafortunadamente, han tenido como denominador común, en algún momento de su vida, un puritanismo en sus ideas.

Antes de iniciar el análisis, es importante comprender qué es un movimiento social. Zemelman en un artículo “Movimientos sociales, acción e identidad” publicado en la revista Zona Abierta define los movimientos sociales como “los proyectos que apoyan e impulsan los diferentes sujetos sociales que coexisten en la sociedad.” A partir de esta definición, podemos señalar que un movimiento social es todo aquel proyecto que es construido, compartido e impulsado por diversos actores de la sociedad, aglutinando diversas perspectivas en torno a un mismo objetivo; el cual se detona a raíz de un hecho que conmueve y afecta (o que se siente afectada) a una parte importante de la sociedad.

Los resultados de las elecciones presidenciales del año 2006, hicieron que el descontento de un candidato y de los partidos que lo postularon -alegando la probabilidad de un fraude electoral-, trascendiera del ambiente institucional, trasminándose este descontento hacia una parte importante de la sociedad. Asimismo, la figura carismática de López Obrador hizo que la exigencia del recuento del total de los votos, se convirtiera en una exigencia social. Partidos políticos, académicos, organizaciones civiles y algunos medios de comunicación se unieron a la exigencia del recuento total de los votos. Durante los primeros dos años, se logró mantener la fuerza y la cohesión de este movimiento, sin embargo, se dieron posiciones dogmáticas y poco plurales al interior del movimiento que fueron mermando la capacidad y el número de actores que lo habían apoyado.

Uno de estos factores de disidencia y de poca apertura, fue el de no reconocer al presidente electo, ni tener algún tipo de interlocución con el partido ganador. La palabra “negociación” se convirtió en sinónimo de “traición”. De tal modo, que todo aquel que aceptará sentarse a negociar con el presidente de la República o con el Partido Acción Nacional (PAN) eran traidores al movimiento. Uno de los momentos negros a recordar sobre esto, fue la crítica agresiva que se hizo de la figura Cuauhtémoc Cárdenas, por aceptar presidir el “Comité Organizador del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana” que le ofreció el presidente Vicente Fox. La forma en cómo se le maltrato por parte de sus correligionarios del partido y simpatizantes de López Obrador, hizo que el renunciará a presidir dicho comité. La renuncia no sólo significó la ausencia de tener unos festejos memorables y de hacer un llamado a la unidad nacional, sino que además representó la forma en cómo serían tratados todos aquellos que no estuvieran de acuerdo con los postulados de ese movimiento, o que decidieran tener algún tipo de relación con los que se habían “robado” la elección, serían llamados traidores.



Esta misma postura hizo que dicho movimiento social perdiera su capacidad de efectividad y de generar mayor consenso entre diversos actores. El rechazo a hacer coaliciones electorales entre el PAN y el PRD para elecciones para gobernador en los estados, hizo que el PRI capitalizara esto y por consecuencia significó el debilitamiento electoral del partido. El mantenerse en la lógica de llamar “espurio” al presidente electo y no salir del discurso del robo de la elección, hizo que varios simpatizantes de López Obrador y del movimiento, dejarán de apoyar.


En el caso del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD), más que tener una posición ideológica excluyente de adentro hacia afuera, más bien fue a la inversa. El asesinato del hijo del periodista y poeta Javier Sicilia hizo que surgiera un movimiento que diera voz a las diversas víctimas anónimas producto de una guerra contra el narcotráfico, además de hacer posible de cuestionar la estrategia de seguridad seguida por el presidente Calderón. Sin embargo, el hecho de que Javier Sicilia, decidiera abrazar y besar a diferentes figuras del ámbito político, hizo que le cayeron una serie de críticas mordaces y duras, sobre esta actitud.

 Sicilia llamaba en los mítines públicos y marchas a no hacer expresiones de denuesto o de odio en contra de autoridades o figuras políticas. Su discurso mantuvo una congruencia casi intachable, logrando que posiciones a veces tan opuestas como las que aglutina Enrique Krauze o la Jornada y Proceso, le dieran un apoyo irrestricto al movimiento. Sin embargo, a partir de los Diálogos de Chapultepec, en donde Javier Sicilia, -en un diálogo respetuoso pero fuerte, criticó la política de seguridad contra el crimen organizado-, abrazó y le entregó un rosario al presidente, hizo que cayeran cientos de críticas de diversas posiciones, tanto de sectores contrarios al movimiento como de quienes lo apoyaban (extrema se tangunt). Lo mismo pasó, cuando lo hizo con Manlio Fabio Beltrones y los candidatos a la presidencia de la república. Frases como “¿quién besa al asesino de su hijo?”, “con besos no se acaba la guerra”, estaban cargadas de resentimiento y de denostación en contra de Sicilia. En el fondo lo que se quería transmitir es que no se puede tener diálogo alguno con “el enemigo” o “el represor”, quien así lo haga se convierte, de nuevo, en traidor.



Un hecho más evidenció el puritanismo de aquellos que criticaban al MPJD. Las críticas que hizo Javier Sicilia, cara a cara, hacia López Obrador, lo convirtieron de nuevo, en un “vendido” y “traidor”. Aunque Sicilia fue igual de crítico con todos los candidatos -incluso mucho más con Enrique Peña Nieto-, los sectores que se enfurecieron por las críticas hechas a López Obrador, no vieron esto. Si bien en medio de una campaña electoral, las pasiones se desbordan a la hora de apoyar a algún candidato, actores que algún momento apoyaron al MPJD, se volvieron detractores de este al ver en la crítica a López Obrador, un “favor” a los opositores. El mensaje que se mandaba es “no se puede juzgar o criticar a alguien cuando esto implique favorecer al contrincante”, argumento similar al que se esgrimió durante la guerra fría, y con el cual se quiso acallar las voces críticas hacia la Unión Soviética o Cuba, porque esto implicaría hacerle un favor al imperialismo yanqui.

El movimiento #YoSoy132, surge a raíz de la forma en cómo las televisoras y algunos medios impresos, deciden dar cobertura a la visita de Enrique Peña Nieto, como candidato, a la Universidad Iberoamericana, Campus Ciudad de México. Cientos de jóvenes se sienten indignados por la cobertura informativa que hacen los principales medios (en particular contra Televisa), dando información parcial y sin mostrar la forma en cómo había sido repudiado el candidato del PRI por varios jóvenes de dicha universidad, lo que hace que estudiantes de diversas universidades privadas y públicas salgan a manifestarse y a generar un movimiento que llama a la democratización de los medios de comunicación en especial en el ámbito de la televisión. Logrando que la campaña tuviera un cariz diferente y que el tema de la competencia en los medios y las telecomunicaciones se pusiera como un tema prioritario en la agenda pública. No obstante, la intolerancia y la poca pluralidad también se hizo presente. Televisa se convirtió en el enemigo público de este movimiento, nada de tratos ni negociaciones con la televisora. Es así que el hecho de que Antonio Attolini, estudiante del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y una de las figuras más destacadas de este movimiento, decidiera unirse a un programa de análisis en el canal de FOROtv de Televisa, lo convirtieran en un “traidor” y “empleado de Televisa”. Si bien al formar parte de un programa de la televisora, puede poner en cuestión su posición crítica hacia la misma, eso no lo convierte en un oportunista o que haya traicionado las convicciones que sigue #YoSoy132, y que el comparte. Aunado a que, un movimiento social no puede depender de una persona, dado que eso lo hace vulnerable. Sin embargo, el hecho de que un miembro destacado de este movimiento haya decidido unirse a un programa de análisis, eso no lo convierte en un “arribista” como lo han llamado, más bien ayuda a que se genere un debate mucho más plural, en los medios que existen.



Al generarse una opinión pública, -dentro de la propia Televisa-, mucho más plural y favorable a la competencia en los medios de comunicación, favorece condiciones para que esto a futuro sea posible. Si alguien que tiene una posición crítica sobre determinado tema y tiene capacidad para argumentar y dialogar, se excluye del ámbito público, es absurdo. Quienes desean mantenerse en el anonimato de las marchas por permanecer  fieles a sus posiciones, me parece adecuado, pero no por eso descalifica a aquellos que desean que esas mismas posiciones puedan llegar a más audiencia y que vayan permeando en la población. El diálogo y el debate enriquecen la vida pública, los soliloquios y el ostracismo, la empobrecen. Las ideas críticas por sí mismas no son inamovibles, si lo son se convierten en dogma.

Los movimientos sociales que logran sus objetivos a largo plazo son aquellos que se mantienen abiertos, que incorporan a diversos sectores de la población (ya que en eso radica su fortaleza) y que generan debate entre posiciones contrarias. El puritanismo ideológico en que en ocasiones caen estos movimientos, los puede hacer cavar su propia tumba. Habría que pensar, qué tanto estamos dispuestos a perder por mantener una idea o posición intransigente, o por convertir a aquellos que disienten de nosotros en “traidores”.

17 de octubre de 2012

Venezuela entre el caudillismo y la democracia

El pasado 7 de octubre, Venezuela vivió la consumación de uno de los procesos electorales más álgidos de la historia reciente.
La contienda entre Henrique Capriles y Hugo Chávez, polarizó férreamente a la sociedad y contrario a lo que se esperaba, del posible desconocimiento de los resultados electorales por parte del opositor del actual presidente, no fue así, Capriles reconoció que los resultados daban como ganador a Chávez, además de felicitarlo, lo exhortó a que gobernara tanto para aquellos que habían votado por él, como por los que no lo habían hecho. Por otra parte, contrario a su retórica desdeñosa de Chávez -por el refrendo de su poder vía las elecciones-, éste dio muestras de mesura y también de reconocimiento a su contendiente, así como los votantes de este candidato. Pero ¿qué pasa en Venezuela, no se nos decía que vivía una frágil democracia?, ¿dónde están los posibles enfrentamientos que devendrían del proceso electoral? Si el presidente Hugo Chávez ha puesto en declive a la democracia venezolana, ¿por qué los opositores siguen reconociendo los procesos democráticos como vía para alcanzar el poder? No hay respuestas únicas a estas preguntas, cada una requiere de relacionar diversos factores y hacer algunos matices.

Para analizar los procesos electorales en Venezuela y medir la solidez de su democracia, son varios elementos que hay que tomar en cuenta, el principal, el presidente Hugo Chávez, seguido de su relación con los medios de comunicación, así del diseño actual de las instituciones electorales y por último, los opositores.
Hugo Chávez, ha venido a representar a uno de los “modernos caudillistas” que han tomado un especial auge en Sudamérica, como Ecuador, Bolivia y Argentina. Estos modernos caudillistas, comparten rasgos con los prototipos de caudillos del siglo XIX y XX de Latinoamérica, donde el poder y el carisma se condensa en una sola persona; se maneja una retórica nacionalista de tintes marxistas o soviético; llevan a cabo una serie de reformas económicas y sociales para reconcentrar el poder en el Estado; focalizan la ayuda a los sectores más pobres, pero sustentado los programas o acciones en un dispendioso manejo de los recursos públicos. Con la gran diferencia que estos caudillos modernos, no buscan el ascenso y la continuidad en el poder vía la lucha armada, los golpes de estado, o el cese de las instituciones democráticas, sino que lo hacen a través de los propios cauces democráticos, pero con la intención de perpetuarse. Comparten la idea y la intención con los caudillos tradicionales, de que para que haya mejoras sociales y económicas de la población, ellos deben permanecer en el poder ad infinitum, un cariz sumamente antidemocrático.

Hugo Chávez, encaja bien en esta descripción de los “caudillos modernos”. Si bien, éste intentó arribar al poder, vía un golpe de estado desde el Ejército, el resultado fue infructuoso. Desde entonces comprendió que el contexto internacional y local, se había modificado sustancialmente. La “tercera ola” o la democratización de los países en América Latina, a finales del siglo XX, ha hecho improbable la vuelta a las dictaduras militares y los caudillismos. No obstante, Hugo Chávez, podría decirse que es el primer personaje político que ha hecho un equilibrio riesgoso entre caudillismo y democracia. Desde el fallido golpe de Estado en 2002, Chávez salió mucho más fortalecido y avispado para poder consolidar y darle continuidad a su mandato. Se percató fácilmente del poder de los medios de comunicación, en especial de las televisoras,  de tal modo, que no sólo  decidió quitar las concesiones a algunas empresas, sino que decidió convertirse en la principal estrella de un show, que ha durado catorce años, -y que es probable llegué a los veinte-, si es que su principal enemigo, el cáncer, no lo derrota antes. Ha hecho de sus programas como Aló Presidente y otros, un lugar en donde teatraliza el poder para un pueblo necesitado de atención, por la indolencia de varios gobiernos frente a la pobreza que ha azotado a gran parte de la población. Manda, fustiga a sus ministros, ordena decretos en favor de los más pobres, canta, llora y hasta evangeliza. Chávez ha hecho de su poder, una segunda vocación, la actuación.



Aunado al uso de los medios, como un segundo poder que lo reviste, Chávez ha utilizado los recursos públicos y el petróleo, para consolidar su figura en la región y en su país. Ha incrementado sin duda el número de universidades, ha generado un sinfín de programas para los más necesitados y ha hecho del petróleo un medio de cambio diplomático. Volvió a situar a Estados Unidos como el “imperio” del siglo XX, hizo de Bush -uno de los presidentes más impopulares en el mundo-, un escalón para subirse a la plataforma internacional y situarse en su país como uno de los adalides que defiende a la región del Goliat. La utilización de los medios de comunicación, el uso de los recursos públicos y el petróleo, y su retórica soviética le han generado dividendos, pero al parecer estos se han ido agotando, dado que su triunfo apenas obtuvo un poco más del total de la votación.

Si bien los altos índices de delincuencia, la corrupción y la enfermedad del presidente han mermado su influencia,  ha sido también el trabajo disciplinado de la oposición, en donde se mezclan diversas posiciones, tanto las golpistas como las democráticas, pero al final todo se ha hecho bajo los cauces electorales.

Antes de revisar qué ha pasado con la oposición, es importante hacer un alto en las instituciones electorales de Venezuela, para poder analizar en qué medida estás aún mantienen su solidez y autonomía, o han quedado bajo el manto del presidente. El Consejo Nacional Electoral de Venezuela, está reconocido como uno de los cinco poderes independientes del país, es decir, forma parte del equilibrio constitucional de la división de poderes, con lo cual le da un amplio margen de garantizar la transparencia e imparcialidad de las elecciones y a la vez, le dota de certeza y autonomía necesaria, frente a la tentación e intromisión de diversos poderes, tanto instituidos como fácticos. Esto en parte explica cómo es que la oposición a pesar de sus desventajas frente al poder de Chávez, no ha decidido desconocer los procesos electorales.

En lo que se refiere a la oposición al chavismo, ésta no había tenido tal fuerza, como en estas pasadas elecciones. El momentáneo golpe de Estado dado por algunos opositores, los sacó de inmediato del escenario público y su desprestigio fortaleció a Chávez. Sin embargo, las protestas estudiantiles que se dieron en 2007, hicieron resurgir a la oposición y una gran parte de la sociedad se percató de los riegos que un presidente concentrara tanto poder. Asimismo, éste fue evidenciando sus rasgos autoritarios al descalificar a los estudiantes, como manipulados, y defensores de corruptos y asesinos. Por otro lado, el rechazo a debatir con un grupo de intelectuales liberales, en particular con Vargas Llosa, fue desnudando fácilmente su persona. Todo esto hizo que la figura de Chávez, fuera perdiendo ese aura de “héroe patrio” que él se quiso labrar. Por su parte, los partidos opositores fueron ganando terreno en alcaldías de tal modo, que su poder electoral se fue consolidando. Es así que en estas elecciones, se concertó una coalición entre numerosos y variopintos partidos que se oponen al régimen de Chávez, seleccionando a Henrique Capriles, un candidato joven, profundamente religioso, pero con vocación democrática. Este personaje, de ascendencia judía y abogado, capitalizó el hartazgo frente a la corrupción y la delincuencia generalizada en el país, asimismo, inspiró una renovación democrática del país. Lamentablemente, no le alcanzó para derrotar a un Chávez debilitado en lo físico, pero aun concentrando gran parte del poder institucional y mediático.

El devenir político de Venezuela se augura, un Chávez que se ve mermado por el cáncer, un gobierno y un oficialismo debilitado por el cáncer de la corrupción y la acumulación excesiva de poder. Una nueva generación que se ha hecho presente en la vida política, una oposición más organizada y estratégica, frente al ostracismo propio e impuesto. Chávez no podrá perpetuarse, como él desea, y aunque muchos de sus partidarios, lo desearían, Venezuela tiene pocas posibilidades de volver a ese caudillismo tradicional o a una dictadura. Pronto veremos la vuelta a una democracia sin esquizofrenias, pero quizás este trance histórico no deje de tener secuelas negativas para gran parte de la población.

La situación política de este país es tan sui generis que hará a varios politólogos y sociólogos analizar cómo es que Venezuela pudo lidiar con el caudillismo y la democracia sin romper ese frágil equilibrio.

1 de octubre de 2012

Obama, el Imperio Democrático

A un mes de las elecciones en Estados Unidos (EEUU), vale la pena revisar lo más importante durante la gestión de Barack Obama y evaluar la conveniencia de la continuidad o la llegada de un republicano como Mitt Romney.


El arribo de Barack Obama, a la presidencia de EEUU hizo que despertará una serie de expectativas promisorias tanto al interior de este país como hacia el exterior. Una de las principales para el pueblo norteamericano, era acabar con la invasión en Irak, que estaba costando la vida de miles de soldados. Otra era la posibilidad de salir de una crisis económica, en la que se había sumido EEUU, a raíz de la especulación inmobiliaria y el déficit generado por el financiamiento de la guerra en Medio Oriente.  En el contexto internacional, se vislumbró la oportunidad de generar acuerdos multilaterales y una nueva solidez de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), después de haber quedado debilitada por las acciones durante el mandato de George W. Bush en EEUU.

Los resultados no han sido los que se esperaban, no obstante, vale revisar con más detenimiento cada uno de estos, para ver en qué medida Obama ha establecido una distancia como candidato y como presidente de una de las potencias más fuertes del mundo. En lo que se refiere a Irak, logró sacar a miles de soldados estadounidenses, y se consolidaron las incipientes fuerzas de seguridad y militares en ese país. Asimismo, logró generar consensos con diversas potencias en la región para hacer frente a la grave crisis que se presentaba en Afganistán. No obstante, los atentados terroristas han continuado en esos países, principalmente en Irak, aunque con altibajos. Por otra parte, se capturó y ejecutó a Osama Bin Laden, principal señalado en dirigir los atentados del 11-S en Nueva York, y en Europa. Sin embargo, esto no se hizo bajo los principios de la justicia internacional. Esto ha hecho que en el contexto internacional, Obama dejé un sabor amargo, ya que se esperaba que EEUU retomará los mínimos cauces legales del derecho internacional.

En lo que concierne a la crisis económica, que ha agobiado a los EEUU -y a gran parte de la Unión Europea-, las limitaciones son mucho mayores. Por un lado, ha tratado de sanear las finanzas, pero quizás con políticas impopulares –pero necesarias-, como el rescate financiero de varias instituciones financieras. Asimismo, trató de impulsar una reforma de salud, que dotará de seguridad social a millones de estadounidenses que carecen de ella, y que con la crisis económica dicha situación se ha agravado.  Es aquí donde ha mostrado su mayor debilidad, dado que el peso que tiene el  Partido Republicano, ha impedido que pueda llevarse a cabo de manera plena esta acción. Por otra parte, no ha habido grandes ideas sobre cómo reactivar la economía, el cambio del contexto económico, el incremento de la terciarización del trabajo y la emergencia de países industrializados, como Brasil, la India y China, hace imposible pensar en volver a aplicar un New Deal, aunado a que las condiciones que se presentaron con F. D. Roosevelt, son totalmente contrarias a nuestra realidad. El costo de no haber cumplido estas expectativas hizo que los republicanos ganarán la mayoría en el Congreso en 2010.



Mirando con cuidado, algunas de las acciones de Obama, se puede concluir primero, que las expectativas que generé un candidato para ganar un puesto de elección siempre serán mayores a las que pueda realizar; segundo, que si bien el presidente de los EEUU, continúa bajo la línea de poner sus intereses por encima de cualquier otro país, mide las consecuencias que esto podría acarrear.

Hillary Clinton, ha hecho uno de los mejores papeles como Secretaría de Estado, y aunque sigue habiendo en algunos casos una línea dura, casi siempre se trata de consensar antes de tomar una acción. En el caso de Irán e Israel, donde este último ha querido lanzar una ofensiva militar, debido a que señala que el presidente iraní Mahmud Ahmadinejad, está fabricando armas de destrucción masiva, EEUU lo ha contenido, lo mismo ha hecho con el caso de Corea del Norte. Ha tratado de negociar con China e incluso la propia Rusia, la contención de estos países, que posiblemente puedan tener en su poder estas armas. Evitando con ello que se produzca un conflicto bélico de enormes proporciones, mayores a las de Irak, y que pondrían poner en riesgo la estabilidad de la región. En el caso de Latinoamérica, Obama ha vuelto a aplicar la política del “buen vecino” y si bien, ha sido tibio en los casos de Honduras y Paraguay, donde se han dado destituciones de los presidentes en turno, por grupos oligárquicos, la situación responde más a una situación local, que a una política que EEUU imponía en la región en gran parte del siglo XX, en donde los golpes de estado, eran alentados y en ocasiones, financiados por éste.

¿Qué cabe esperar con Mitt Romney? Una vuelta a la política dura en el contexto internacional y una retórica populista para hacer pasar los estragos de la economía estadounidense. Una de sus principales propuestas es echar abajo la acción de gobierno de seguridad social, aunque no toda, como él ha dicho, pero sí,  principalmente, hacer que el Estado deje de garantizar este derecho a la personas que no pueden adquirir un seguro privado. En el contexto internacional, Romney, maneja una retórica incendiaria en contra de Irán, Corea del Norte y Venezuela, lo que abre la posibilidad –aunque remota- de una nueva confrontación militar y el debilitamiento de los organismos internacionales como la ONU. En el caso de los hispanos, Romney no se distingue mucho en el discurso de lo que Obama propone, aunque en realidad el partido republicano, ha tenido mayores reticencias a esta, y ha tomado medidas discriminatorias y violatorias de derechos humanos en contra de los migrantes. Obama, es ambivalente por un lado toma acciones que permitan que miles de jóvenes latinos inmigrantes no sean deportados, pero por otro lado se continúan con las deportaciones de manera más velada.

Con Obama, se deja mucho que desear, pero al hacer una breve evaluación de sus acciones y un contraste con el candidato del partido republicano, es preferible para el contexto internacional la continuidad de éste. Los estadounidenses tendrán que mirar si para sus intereses les conviene la continuidad o un cambio. Y si bien, los desaciertos de Romney, ponen a Obama en un segundo mandato, aún queda un mes y cualquier error o acierto lo puede definir.